El Colaborador: Vehículo de identidad corporativa

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La cultura corporativa, explícita o no, configura la conducta de toda organización. Como si de una persona se tratara, cada acto se ciñe a determinados parámetros, fruto de la socialización. La concreción de dichos trazos generan la identidad corporativa. Por otro lado, la imagen corporativa no va mas allá de la percepción que los distintos públicos se han creado de la empresa.

Existen multitud de formas de mostrar los parámetros de identidad, puesto que todo aquello que hace la empresa refleja datos que generan la percepción externa. Una de las vías más importantes es el colaborador, dado que se trata de la voz, los gestos y la conducta de la empresa. La organización habla a través de cada uno de sus trabajadores. Por ello, con el objetivo que la imagen sea concordante con la propia cultura, es preciso educar desde dentro a aquellas personas que integran la empresa. Esto acontece en una doble dirección: la selección y la formación.

* Selección: Independientemente de los parámetros referentes a los perfiles más adecuados para cada puesto de trabajo, es importante incluir un conjunto de características en la búsqueda de candidatos. Estas propiedades radican en la armonía entre los valores de la propia empresa y los del potencial colaborador. No se trata únicamente de entrelazar acuerdos de valores entre ambos, sino que, además, se debe procurar acercar los objetivos personales con los de la empresa. Esto se consigue adaptando la propuesta para el candidato a sus expectativas y necesidades.
* Formación: Integrado el candidato en la organización, debe estar sumergido en la cultura empresarial. De ello depende que los sistemas y procesos establecidos se lleven a cabo de una forma cohesionada entre todos los colaboradores. La formación, en una empresa madura, no únicamente radica en un aprendizaje formal, sino que la información que recibe el colaborador proviene, también, de vías informales. Esto implica que la actividad del colaborador estará muy determinada por aquello que percibe de los demás y, sobretodo, de los líderes informales. La empresa debe conseguir que estos últimos estén perfectamente integrados en la cultura empresarial.

El colaborador como vehículo de comunicación entre la empresa y el público deviene una de las vías mas relevantes e influyentes de proyección de identidad. La formación de una imagen coherente de la organización es una misión compleja y es preciso tener en cuenta los recursos de los que se dispone para optimizarlos. El trabajador es uno de los recursos disponibles con mayor potencial comunicativo entre la empresa y sus públicos.

Más información:

* PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA DE LA IMAGEN CORPORATIVA, Paul Capriotti, Ed. Ariel
* http://www.arearh.com/rrhh/rh_marketing.htm